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martes, 26 de septiembre de 2017

Video Cuando la producción de Alimentos nos Enferma


Conocé con este video la situación de riesgo en que nos pone el modelo actual de agroproducción en Argentina, que evidencia los daños que Monsanto ocasiona en nuestra salud. Un diálogo de saberes deja en claro que sí es posible producir alimentos sin agroquímicos y por qué debemos hacerlo. Se cumplieron 20 años desde que el Estado Argentino acordó con la multinacional estadounidense Monsanto la comercialización de la soja transgénica 'RR' y del herbicida que la acompaña, el glifosato, sobre el cual la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió en 2015 que puede causar cáncer




¿Qué comemos y quién define nuestra alimentación? Lic. nutrición Miriam de Gorban

ALIMENTOS ULTRAPROCESADOS

ALimentos procesados: Qué estamos comiendo y por qué
Por Matilde Moyano
“Desde que aprendí lo que es la soberanía alimentaria no he dejado un solo día de pelear por ella”, asegura Miryam Kurganoff de Gorban, Licenciada en Nutrición y coordinadora de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien desde hace décadas participa activamente en congresos, conferencias y reuniones científicas como parte de una lucha que busca cambiar el actual modelo productivo que con sus alimentos ultraprocesados daña nuestra salud, “para cambiar el planeta, y para enfriarlo, porque también es responsable del cambio climático”.
En diálogo con El Federal, Gorban nos explicó que la ‘soberanía alimentaria’ es el derecho de los pueblos a desarrollar sus propias políticas alimentarias, en función de sus disponibilidades económicas, sociales y sobre todo culturales. Pero la industria alimentaria se apropia de un modelo de producción, comercialización y globalización de la alimentación que viola muchos de estos parámetros.
“Diez compañías en el mundo manejan la producción, la distribución, y la comercialización de los alimentos, y se apoyan para eso en los medios de difusión produciendo la transculturización, el no respeto de las identidades de cada uno de los pueblos y al mismo tiempo dan lugar a la producción de alimentos ‘ultraprocesados’.
//¿Cuáles son esas empresas?
Están Kraft, Nestlé, Johnson y Johnson, Unilever. Hay un entramado entre los que son dueños de la semilla, los que son dueños de la tierra, los que son dueños de los supermercados, la industria petrolera, la industria química y la industria farmacéutica.
//¿Monsanto es una de esas empresas?
Por supuesto, Monsanto para nosotros ya hoy en la Argentina te diría que es como el Gran Hermano, está en todos lados. La Red Nacional de Banco de Alimentos tiene su sede en el edificio de Monsanto. Otras actividades que luchan contra la desnutrición también son voceros Monsanto. Entonces algunas sociedades científicas dicen que los transgénicos son inocuos, y no lo son. Los derivados de la semilla transgénica están en los alimentos que consumimos a diario, cuya boca de expendio es esencialmente la de los supermercados.
//¿Cuáles son esos alimentos?
Todo lo que está empaquetado, todo lo que esta industrializado, las milanesas de soja, patitas de pollo, hamburguesas de pescado, etc. Todo esto está hecho sobre la base de extractos de un determinado alimento, pero con saborizante, con colorantes, conservantes, con sustancias como la salazón, que es la base de todo eso. A la corta o a la larga, por acumulación de estos componentes van a producir daños severos en la salud.
//¿Qué enfermedades pueden provocar estos alimentos procesados? En comparación a 20 años atrás ¿existen nuevas enfermedades?
Aumentaron las enfermedades que llamamos crónicas no transmisibles, basadas sobre todo en la obesidad y la diabetes, la hipertensión, problemas de aumento del contenido de grasas. Esta epidemia está asociada al consumo excesivo de este tipo de alimentos, abandonando las recomendaciones que nosotros hacemos de consumir más alimentos frescos, más alimentos de estación. Por supuesto que también chocamos con el problema del costo de estos alimentos, porque también manejados por las empresas formadoras de precios dificultan el acceso a la alimentación, que es la base del derecho a la alimentación.
//O sea que nuestro país está muy lejos de tener una soberanía alimentaria…
Por supuesto que sí. La soberanía alimentaria sola no es, tiene que estar en el marco de un país soberano políticamente, soberano económicamente, no dependiente.
//¿Cómo planifica nuestro país la producción de alimentos y cómo debería ser?
Tenemos la mirada puesta en la producción de alimentos basada en el monocultivo a partir del 96, hemos ido perdiendo diversidad, tenemos menos trigo, menos girasol. En el caso de la carne, hemos arrinconado a las vacas para producir más soja para la exportación, ocupando un terreno muy rico, aumentando la frontera agropecuaria y al mismo tiempo reduciendo la diversidad de nuestra alimentación. El caso claro en este momento es que se ha abierto la importación, y encontramos manzanas de Chile, naranjas de Valencia, pomelo de Israel, subestimando nuestra propia producción.
//¿Y la soja tiene propiedades que no tengan los otros alimentos?
Se habla mucho de las proteínas de la soja, pero nosotros nos remitimos siempre al Dictamen de la Sociedad de Pediatría en 2002, cuando nos quisieron imponer en las escuelas la ‘soja solidaria’, que indicó que la soja estaba prohibida para menores de 2 años, que estaba no recomendada para menores de 5, y que para los adultos no se debía aumentar más de dos porciones por semana. Señalaban que tiene falsas hormonas y tiene sustancias antinutrientes que impiden la absorción del hierro y del calcio, cuando en nuestro país uno de los problemas que tenemos es la gran cantidad de niños anémicos y embarazadas anémicas.
//¿Y la soja transgénica?
La soja transgénica agrega los problemas de la transgénesis, pero ya la soja como tal tiene estas características, porque ya tiene lo que se llama falsas hormonas o disruptores endocrinos que producen menarca precoz, produce ginecomastia en los varones, altera el funcionamiento de la glándula tiroides, y algunas otras cosas.
//¿Qué opinión tenés sobre el programa del Gobierno de la Ciudad ‘Mi Escuela Saludable’?
(Durante mayo la Justicia ordenó suspender este programa).
El programa Mi Escuela Saludable no es un mal programa, el problema es que es una decisión política incorporar a los programas escolares la presencia de lo que se llama responsabilidad social empresaria con un conglomerado de empresas a través de ILSI (Instituto Internacional de Ciencias de la Vida), donde están los que son responsables de la falta de salud de nuestra población y en especial de los niños.
//¿Qué alimentos podemos comer tranquilos? ¿O no existen?
Tenemos que optar entre el agronegocio, simbolizado en Monsanto, y la agroecología. Nosotros planteamos que el modelo productivo que hay que elegir para cambiar el planeta, y para enfriarlo, porque también es responsable del cambio climático, es el modelo agroecológico de producción.
//¿Confiás en que algún día se va a poder modificar esta situación?
Tendremos que cambiar muchísimo la sociedad para eso. Yo tengo esperanza, tengo muchos años pero la esperanza no la he perdido porque sigo peleando.
La Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria está abierta a toda la comunidad, y es una de las maneras en que podemos acercarnos a entender qué estamos comiendo y por qué. Si te interesa esta temática y querés informarte sobre el riesgo en que nos pone el modelo de agroproducción actual, podés mirar nuestro video ‘Cuando la producción de alimentos nos enferma‘, un diálogo de saberes del cual participó Miryam Gorban.

VENENO EN LA HELADERA


VENENO EN LA HELADERA
La imagen puede contener: una o varias personas y comida
Es oficial. Son datos del Estado. El 63% de los controles realizados en frutas, verduras y hortalizas entre 2011 y 2013 detectaron la presencia de residuos de agroquímicos. Y en algunos casos, como la pera y la mandarina, los análisis positivos superaron el 90% de las muestras.
En enero, la ONG Naturaleza de Derechos había presentado un pedido de información al Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), que fue ignorado. Pero luego de que la organización impulsara un recurso de amparo para acceder a los datos, el Senasa dio a conocer sus estadísticas sobre los análisis realizados en los mercados de abasto de la Ciudad de Buenos Aires, La Plata y General Pueyrredón. El organismo omitió, en cambio, aclarar con qué periodicidad hace los controles y qué medidas implementó a partir de los resultados positivos.
La información brindada por el Senasa incluye frutas, hortalizas, verduras, maíz, soja, girasol, trigo y arroz. Y está dividida en dos. La primera parte contiene datos obtenidos en 2011, 2012 y 2013. En total, se realizaron 3.381 controles, de los cuales 1.405 fueron positivos, es decir, el 42% del total. Pero si sólo se tienen en cuenta las frutas, verduras y hortalizas, la cifra trepa al 63 por ciento.
Hay algunos casos extremos. Por ejemplo, hallaron agroquímicos en 13 de las 14 muestras de apio y en el 98% de las de pera. Además, hay datos alarmantes en los cítricos: dieron positivo el 94% de los limones, el 91% de las mandarinas y el 83% de las naranjas. Pero las cifras también son llamativas en otros cultivos, como frutillas (76%) o acelga y espinaca (74%)
En el otro extremo hay sólo cuatro productos que dieron negativo en todos los controles: almendras, batata, cebolla y yerba.
Desde la ONG advirtieron que “tanto para frutas, como para hortalizas y verduras, no se evaluó la presencia de glifosato, atrazina y paraquat, que son los tres agrotóxicos, junto al 2,4-D, de mayor uso en toda la Argentina“. Señalaron, además, que el 2,4-D sólo fue examinado para los cítricos, que el glifosato sólo fue buscado en las muestras de soja, maíz, trigo y maní, y que se dejaron afuera del muestreo a algunos productos, como berenjena, repollo, remolacha, brócoli y pepino.
El Senasa halló agroquímicos en 13 de las 14 muestras de apio y en el 98% de las de pera.
Otra dos cuestiones llamaron la atención. Primero, la presencia de cuatro sustancias prohibidas (DDT, endosulfán, metil azinfos y metamidofos), y de otras cuatro no autorizadas (diazinon, aldicarb, acrinatrina y hexaconazole). En segundo lugar, el desvío de uso, es decir, la utilización de agroquímicos para productos en los que no deberían aplicarse, como como aldicarb y carbofuran en la frutilla.
La otra parte del informe contiene las muestras tomadas en 2014, 2015 y 2016. El problema es que el Senasa cambió la metodología, en lo que la ONG definió como un “ardid”. ¿Qué ocurrió? El organismo sólo reportó aquellos casos en los que la muestra superó los Límites Máximos de Residuos (LMR). “Esto significa que el Estado invisibiliza la presencia de agroquímicos, lo cual no quiere decir que no estén en los alimentos ni que sean inocuos, porque los LMR se decidieron de manera política y no científica. Pero además, los LMR no miden en cuenta la acumulación. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, en la manzana hallaron 23 agrotóxicos, y otros 19 en la pera”, explicó a Infobae el referente de Naturaleza de Derechos, Fernando Cabaleiro. Esto quiere decir, en palabras del ambientalista, que “los valores fueron establecidos sin haberse evaluado los efectos crónicos, cancerígenos y sinérgicos de los agrotóxicos”.
En este segundo segmento, sólo dos productos, el zapallo y la frambuesa, arrojaron resultados negativos. En total, el 7% de las muestras fueron positivas, aunque desde la ONG cuestionaron los productos incluidos. Por ejemplo, de los 3.436 análisis, 1019 -casi el 30%- se realizaron en frutas secas, kiwis y bananas.
Nuevamente, en este tramo la pera, la manzana y el apio fueron los productos que más resultados positivos arrojaron, y también se detectaron desvíos de uso.
Hasta ahora, prácticamente no había información oficial. El Senasa sólo había divulgado estadísticas del período que va de agosto de 2009 a agosto de 2010. En ese lapso, halló agroquímicos en el 55% de las frutas y casi el 35% de las hortalizas. De ese total, el 87% eran pesticidas, herbicidas y fungicidas no autorizados para el cultivo evaluado.
En esa línea, un estudio del Espacio Multidisciplinario de Interacción Socio Ambiental (EMISA), de la Universidad Nacional de La Plata, halló entre noviembre de 2014 y abril de 2015, que en el 83% de los cítricos (naranjas y mandarinas) y las zanahorias había presencia de agrotóxicos. Asimismo dieron positivo el 78% de los pimientos y el 70% de las verduras de hoja verde (lechuga y acelga).
El dato más reciente también es contundente. En noviembre del año pasado, la jefa de los laboratorios del Mercado Central porteño, María Gabriela Sánchez, anunció que en los últimos dos años habían aumentado en un 5% los hallazgos de sustancias no aptas para el consumo humano, y que la tendencia era creciente.
Ante este escenario, en la ONG analizan una serie de pasos a seguir a partir del informe del Senasa. Una de las cuestiones es consultar a la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) qué tipo de controles realiza sobre los productos elaborados a partir de otros productos que contienen agroquímicos, y solicitar que se implemente un etiquetado en el que conste el contenido de venenos. También pedirán que el Senasa mejore los controles y evaluarán la posible comisión de delitos por parte de funcionarios, productores y comerciantes.
El problema es muy profundo. En 2012, por ejemplo, la Auditoría General de la Nación advirtió que “no está garantizada la salud pública” debido a la debilidad normativa y a los problemas en los controles de la aplicación de agroquímicos. Pero, a su vez, también se detectó un obstáculo del otro lado del mostrador, como el trabajo de la autoridad ambiental bonaerense, la Dirección Provincial de Recursos Naturales del Organismo Provincial del Desarrollo Sostenible (OPDS), que subrayó que “el grueso de los productores no cuenta con asesoramiento técnico y obtiene las recomendaciones para aplicar en los comercios del rubro”.
FUENTE: INFOBAE